Cada vez más padres de familia se sienten llevados a sus límites en la crianza de sus hijos y se sienten abrumados. Casi no se habla de ello porque los afectados no quieren pasar por incompetentes. Los niños presentan reacciones emocionales descontroladas, tienen dificultades para concentrarse, muestran agresividad y se pasan los límites permitidos. Al pasar el tiempo se sienten deprimidos, pierden las ganas de vivir y hasta quizás lleguen a tener pensamientos suicidas. En muchos casos, se les hace a estos niños un rápido diagnóstico de síndrome sico-orgánico (Psycho-organic syndrom) o de déficit de atención.
La «otra» cara de estos niños es su inteligencia por encima
del promedio, su alto nivel de creatividad y sensibilidad, su inequívoco
acto de presencia, como también su capacidad de salirse de las normas
para crear nuevas posibilidades. Por eso, Elsbeth Maurer los llama «NIÑOS
de LUZ».